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A pocos kilómetros del lago Titicaca yacen las
ruinas de la misteriosa y monumental ciudad de Tiahuanaco. Diríase que está en
el fin del mundo. No se relaciona con nada. Sus caminos no van a ninguna parte.
Nada tampoco llega a ella. Sin embargo, el lugar se convirtió en el asiento de una poderosa y antiquísima
cultura, aparentemente marítima. En
el lago Titicaca, en el altiplano de los Andes, en la zona fronteriza entre Perú
y Bolivia, en el aire enrarecido de los 4000 m de altitud que hace apresurar los
latidos del corazón, en un páramo desnudo, sin árboles ni arbustos, expuesto
a un sol despiadado y a unos vientos incontenibles, en este paraje se encuentra
uno de los mayores misterios del mundo, un lugar en ruinas de lo gigantesco, de
lo superlativo, del prodigio inexplicable: Tiahuanaco.
Mucho antes de que los conquistadores españoles llegaran al Perú y mucho antes de que los incas edificaran su imperio, la misteriosa ciudad de Tiahuanaco yacía en ruinas. Sus moradores desaparecieron en la bruma de los Andes. Pero las ruinas de sus monumentos daban fe de la maestría de aquellos constructores que levantaron pirámides en el cielo.
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Cabezas - Tiahuanaco |
Los tiahuanacanos no disponían de bestias de carga ni de ruedas; sólo empleaban herramientas de piedra. Su ciudad de las nubes se encuadra en los Andes por encima del límite superior de los bosques; a casi 4.000 metros de altura, cerca de la frontera actual entre Perú y Bolivia. Sin embargo, hallaron el medio de transportar bloques de piedra de más de 100 toneladas desde una cantera situada a 40 km de distancia, a través de una irregular meseta y de la amplia zona del Titicaca, el lago más elevado del mundo.
Una vez llegados a su destino, estos bloques (mucho mayores que los utilizados por los antiguos egipcios) se tallaban y pulían con suma perfección y se construían con ellos enormes pirámides truncadas.
Testimonio de una importante cultura prehispánica, la cultura Tiwanaku, se cree que poseía un puerto en el Lago Titicaca aunque ahora se encuentre a 20 km de distancia de él. La magnificencia de su cultura se refleja en su excelente obra cerámica con los famosos queros (vasos ceremoniales), los huaco-retratos (retrato tridimensional de un rostro humano en una vasija) así como los textiles y sobretodo en las construcciones arquitectónicas muchas de las cuales poseen orientación astronómica. Esta cultura se inició en una fase temprana alrededor del año 1.380 a.C., y colapso alrededor del año 1.200 d.C. La parte central de la cultura Tiwanacu estuvo en Bolivia, pero en su período expansivo llegó hasta Perú, Chile y Argentina.
A poco más de 70 kilómetros de
La Paz, capital de Bolivia, y casi ya al lado de la frontera de Perú se
encuentra TIAHUANACO o TIWANACU (en lengua Quechua o Aymara respectivamente), un
enorme conjunto de ruinas que ocupa una superficie próxima a las 50 hectáreas
y situada a 3.825 metros sobre el nivel del mar. Partiendo desde Cuzco, Perú, se llega a Tiahuanaco tras un día de trayecto
ferroviario y fluvial. La altiplanicie semeja el paisaje de otro planeta.
Cualquier esfuerzo físico tortura al visitante. Allí, la presión atmosférica
es cincuenta por ciento más baja que al nivel del mar. El aire contiene una
proporción mínima de oxígeno. Es inverosímil que allí pudiera desarrollarse
una ciclópea civilización.
Los geólogos aseguran que en una época antiquísima, en la época de la formación de la tierra, el continente súbitamente se elevó de las aguas y la cordillera de Los Andes se formó. Pero esto se refiere a la época en que aún no existía el hombre. Por otra parte, algunos investigadores aseguran que Tiahuanaco nunca fue una ciudad de cordillera sino un puerto de mar. Existen allí restos de lo que pudo haber sido un gran muelle y que no conduce a ninguna parte. En épocas remotas pudo haber conducido al mar. El lago Titicaca, cerca del cual está situada, no existiría. No sería lago sino prolongación del océano.

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El lago Titicaca es el lago más grande[1] de Sudamérica y el más grande del mundo por encima de los 2.000 m de altitud, además es el lago navegable más alto. Está ubicado en el altiplano peruano-boliviano a unos 3.800 metros sobre el nivel del mar. Su profundidad máxima se estima supera los 281 metros. Estas medidas aumentan según las lluvias. |
Una de las primeras cosas que hay que mencionar cuando hablamos de Tiahuanaco es el medio geográfico en el cual se desenvolvió. La hoya del lago Titicaca y gran parte del Altiplano presentan una geografía bastante uniforme y diferente con respecto al resto de los Andes. La altura (sobre los 3,000 m.s.n.m.) y las condiciones climáticas (alternancia climática, inundaciones, sequías, impiden un desarrollo extensivo de la agricultura, reduciéndola a tubérculos y quenopodiáceas (quinua); mientras fue de suma importancia el uso del ganado camélido andino. Si bien queda claro que esta zona es separable de los Andes Centrales, es por demás interesante que el Altiplano haya sido una zona donde se gestaron muchos de los procesos económicos, sociopolíticos e ideológicos que luego tendrían repercusión en las culturas andinas hasta los Incas, cuyos gobernantes fundadores reclamaban proceder de esta zona.
En la actualidad todavía viven gentes en las orillas del lago: los urus. Habitan en balsas de cañas ocultas en la maleza y en cabañas primitivas. El lago les ofrece todo lo que necesitan para vivir: pescado, aves, el material para la navegación de sus botes y para la construcción de sus viviendas. ¿Son los urus los descendientes del pueblo indio de los aimará?
Cuando el lago era todavía mayor de lo que es en la actualidad, sus aguas, según cuentan los urus, bañaban los peldaños de una escalera que conducía a los templos de las grandes esculturas de piedra. ¿Quién los construyó? ¿Por qué se desmoronaron, convirtiéndose en ruinas? Los habitantes del lago no lo saben, o no lo quieren decir. Hablan de una época de tinieblas «antes de que el Sol fuera». Y el primer día del mundo, el Sol y la Luna subieron al firmamento por los peldaños de la escalera.
Pedro Cieza de León (historiador Español que vivió entre
los años 1.518 y 1.560, escribió Crónica del Perú y una Historia de Nueva
España, con interesantes datos históricos y geográficos) escribió después
de su visita a esta antigua ciudad allá por el año 1.550 que, era el lugar
más antiguo de cuantos había visto hasta ese momento después de su viaje por
tierras andinas. De igual modo, recogió de los nativos del lugar la leyenda del
origen de esta ciudad, producto del trabajo de una sola noche de unos seres
Gigantescos en tiempos anteriores a un gran Diluvio.
Terremotos, climatología adversa y la continua expoliación de las ruinas tanto en tiempos antiguos como en los modernos, han hecho muy difícil establecer quiénes y cuándo construyeron TIAHUANACO. Los sectores más conservadores estima su antigüedad en torno a los 3.000 años, pero no falta gran cantidad de investigadores que retroceden a tiempos mucho más remotos su construcción.
El caso más famoso de estas teorías revisionistas sobre la antigüedad de TIAHUANACO lo constituye el trabajo llevado a cabo por Arthur Posnansky, quien estableció una edad mínima para las ruinas de unos 14.000 años, después de haber y medido como pocos han hecho cada uno de los edificios y estudiado sus alineaciones astronómicas.
Tiwanaku es la cultura más longeva de la América del Sur, con 27 siglos y medio de duración desde el 1580 A.C. al 1172 D.C. La urbe prehispánica de Tiwanaku fue la capital de un extenso estado andino que comprendía la parte occidental de Bolivia, el noreste argentino, la costa Litoral de Chile, desde Copiapó hacia el norte del desierto de Atacama.
La capital de este imperio es Tiwanaku llamada también Taipikala, se halla a 70 km al noroeste de la ciudad de La Paz, por carretera, y a una altura de 3.885 m.s.n.m. a 15 km del Lago Titicaca. Esta cultura extendió sus dominios físicos a 600.000 km², aproximadamente.
Los primeros investigadores que se encontraron ante las imponentes ruinas, ante gigantescos bloques de piedra desnudos y abandonados bajo el ardiente sol, rodeados de un silencio mortal, vieron todo el panorama conteniendo la respiración de asombro: las gigantescas estatuas, escaleras, puertas y pilares agrietados, los muros derrumbados, los misteriosos monolitos que clavan su mirada vacía en el desierto y el paisaje grisáceo, con una profunda serenidad.
Su edad se calculó primeramente en 18.000 años, pero la ciencia ya no cree en esta fecha. Adjudica a Tiahuanaco una edad de, como máximo, dos mil años.
Sin embargo, no se ha podido explicar todavía quiénes fueron los seres que crearon estos lugares gigantescos del período preincaico. Estos hombres se encontraban en condiciones de cortar con tal precisión matemática las grandes losas de piedra de los altares, que entre ellas no puede introducirse ni siquiera la hoja de un cuchillo. Hay fragmentos de estas losas que tienen 6 m de longitud, 4 m de anchura y 1'5 m de espesor. Se tuvieron que mover, partir y pulir bloques de piedra que exigían la utilización de fuerzas ciclópeas. La mayor parte pesaba de 30 a 50 toneladas y algunos hasta 100. Antes de su elaboración tuvieron que haber pesado por lo menos el doble.
¿Cómo se pudieron separar los bloques de los macizos rocosos y cómo se pudieron transportar sobre el lago? ¿Sobre balsas de cañas quizás? ¿O acaso los constructores de Tiahuanaco poseían vehículos, animales de tiro, poleas y grúas? Es una utopía suponerlo. Pero, ¿cómo lo hicieron entonces? ¿Fueron seres gigantes los constructores de estas estructuras ciclópeas? Todavía en la actualidad, los habitantes del lago llaman «gigante» a unas figuras de piedra, mientras que a otras las llaman «hermano grande».
El estilo Tiwanaku de cerámica presenta detalles simétricos, es realista y con una combinación de los colores negro, ocre, rojo, blanco y gris. El tipo más común de vasija es el “kero”, decorado en uno de los lados con una cara de formas aparentemente humanas, presentada en bajo relieve. Otros ejemplos de la alfarería Tiwanaku son: botellones con cuello corto, cántaros globulares con asas verticales, cántaros de doble recipiente con asa puente, y vasijas en forma de aves y cabezas humanas. No se conocen vasijas ornamentadas con frutas o plantas. Los diseños incluyen motivos geométricos con círculos concéntricos. Entre las figuras antropomórficas, zoomórficas y fitomórficas destaca el uso de la planta del maíz.
Las
características de construcción de la capital son únicas y espléndidas, se
conjuncionan en ella, arquitectos planificadores, que con un singular dibujo de
líneas simples diseñaron fastuosos templos; los ingenieros calcularon las
inclinaciones de los muros, y con una excelente técnica urbanística crearon
redes superficiales y subterráneas, de canales para eliminar las aguas
pluviales y servidas.
Los picapedreros cantearon piedras de excelente oficio; los metalurgistas fabricaron planchas para los bajorrelieves iconográficos, logrando cubrir portadas de monumentos con metales áureos, que centelleaban bajo el sol.
Los sabios orientaron los templos astronómicamente con una precisión asombrosa. Multitudes de hombres cortaron la piedra en lejanas canteras y luego la transportaron a la gran urbe.
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Detalle, Sistema de Canales |
Tiwanaku irradia cultura, allí se concentra el saber y dominio de la ciencia y se ama y ampara a las bellas artes. La influencia de Tiwanaku se advierte en monumentos de Perú, Ecuador, y en comunidades de la isla Marayó en la desembocadura del río Amazonas. El sello de esta cultura también se lo encuentra en objetos cerámicos o de metal que fabrican las comunidades del norte de Chile, norte argentino, Perú, oriente boliviano, etc.
Esta cultura considerada como la más importante del período precolombino en territorio boliviano logró no sólo grandes avances en la ciencia y arte, sino que creó una excepcional técnica de cultivo en camellones para las tierras planas y en andenes para las laderas. Sin lugar a dudas, ejerció una poderosa influencia en otras culturas.
Se han establecido hasta el presente, de acuerdo a excavaciones realizadas por la Dirección Nacional de Arqueología y Antropología, la división de la cultura Tiwanaku en 3 estadios:
Aldeano Épocas I y II 1500 A.C. - 45 D.C.
Urbano Épocas III y IV 45 D.C. - 700 D.C.
Clásico Expansivo Época V 700 A.C. - 1200 D.C.
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Puerta del Sol - Tiahuanaco |
Sin duda la más conocida de todas las construcciones
existentes en TIAHUANACO es la Puerta del Sol (INTI PUNKU), un bloque monolítico de
Andesita, roca volcánica de grano fino que toma el nombre de la zona
geográfica donde se encuentra, los Andes, de poco más de 13 toneladas de peso.
Mide 2,75 metros de alto por 3,84 de largo, y tiene un grosor de 50
centímetros.
En su fachada principal y sobre la parte superior existe un friso formado por
cuatro bandas horizontales y divididas a su vez por una figura central de gran
tamaño.
Este hermoso portal lítico -trabajado en un solo bloque de piedra andesita de aproximadamente 10 Tn. de peso- no fue, en el pasado, una pieza aislada sino, mas bien, parte de una edificación mayor que pudo ubicarse en la cima de la Pirámide de Akapana o en el mismo Kalasasaya, donde existen varias piezas del mismo material de esta puerta.
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Detalle Puerta del Sol - Tiahuanaco. La Figura representa al dios Viracocha. |
Todos los expertos coinciden en afirmar que esta figura representa al Dios
VIRACOCHA, el cual sostiene un cetro en su mano derecha y un rayo en la
izquierda.
Sus manos tienen cuatro dedos, al igual que muchas de las estatuas y relieves
que se encuentran diseminados por todo TIAHUANACO y que recuerdan a otra de las
leyendas sobre su origen, la de la Diosa ORIANA que tenía cuatro dedos en cada
mano, y que, procedente de las estrellas, llegó a TIAHUANACO para crear a la
humanidad. Sobre las mejillas de VIRACOCHA, parecen apreciarse unos pequeños
agujeros a modo de lágrimas y de su cabeza parten 24 apéndices.
Aparecen también sobre las bandas horizontales que divide esta figura central
otras 48 figuras, 24 a cada lado.
Desde un principio se ha pensado que esta representación del dios
VIRACOCHA, es un calendario correspondiente a un año de doce meses que tenía
su inicio en el equinoccio de primavera.
La
estructura dominante del centro sagrado de Tiahuanaco era la Akapana, una
pirámide truncada de más de unos diecisiete metros de altura, llamada por
Kolata "la montaña sagrada de Tiwanacu". La pirámide Akapana tenía
siete niveles. El número siete, como ya se ha indicado, aparece asociado con el
"padre cielo", que equivale al uso de las coordenadas polar y
ecuatorial, expresadas mediante referencia a las direcciones cardinales. El
antiguo sistema aymará de orientación tenía siete direcciones, empleando
cuatro direcciones cardinales junto con el centro y el nadir. La Akapana está
orientada en las direcciones cardinales. La misma idea encontramos en la
relación entre el contiguo complejo de estructuras llamado el templo
Semisubterráneo y el Kalasaya. Aparecen trazados a lo largo de un eje
este-oeste, que habla de los puntos de salida y puesta del Sol en los
equinoccios, cuando el Sol cruza el ecuador celeste. Las estrellas que van hacia
arriba y hacia el oeste desde el templo Semisubterráneo hasta el nivel del
suelo conducen directamente a una segunda escalera que se eleva en los recintos
situados por encima de la planta baja del Kalasaya, donde la estatua monolítica
de un dios ( la llamada Estela Ponce) miraba hacia el este, de espaldas al
templo Semisubterráneo.
La configuración mental de la línea del equinoccio como una escalera no hace pensar inmediatamente en la constelación andina chacana (escalera), las tres estrellas del Cinturón de Orión, que están sobre el ecuador celeste.
Estas
estructuras relacionadas axialmente también se relacionan con la cosmología
religiosa asociada con el mito de emergencia surgido en el Titicaca. Como ya
hemos visto, en el simbolismo arquitectónico celeste, el suelo de la casa, que
representa el trópico meridional debería estar, estrictamente hablando, por
debajo de la planta baja, así que ésta represente el ecuador celeste. Tal como
indica su nombre, el templo Semisubterráneo fue construido a unos dos metros
por debajo del nivel de la planta baja, abierto al aire. En consecuencia y
nuevamente en términos estrictos, el subterráneo tenía que representar el
trópico meridional y el acceso a la tierra de los muertos. (Del mismo modo, se
decía que el suelo del patio del juego de pelota de Quiché descansaba sobre el
tejado de la casa de los señores del inframundo.) Concuerda con esta
interpretación el hecho de que las huacas de linaje de las tribus agrícolas
que participan de la esfera de influencia tiahuanacana se encontraron hundidas
en el suelo del templo Semisubterráneo. En medio de esta disposición, una
segunda estela, llamada la Estela Bennett, que contiene una compleja
información relativa al año agrícola, miraba hacia el oeste (la dirección
celeste asociada con la Luna, la noche, la lluvia y la muerte), de espaldas a la
Estela Ponce, en el recinto elevado del Kalasaya. Y, a la inversa, la Estela
Ponce, por encima del Kalasaya, dominaba una vista del horizonte oriental.
Un segundo patio hundido más pequeño aparecía situado en
lo alto del séptimo nivel de la pirámide Akapana. Lo mismo que con el modelo
del Viejo Mundo, en el que lo alto de la montaña del templo sagrado representa
el "ombligo de la Tierra", el patio hundido de Akapana era,
simbólicamente hablando, un omphalos. Este patio hundido fue trazado en forma
de una plaza sobrepuesta a una cruz griega (ver abajo derecha). La cruz, que
representa las direcciones cardinales y está orientada hacia ellas (y por lo
tanto hace referencia a las coordinadas polar y ecuatorial) representa el
ámbito celeste, o padre cielo. La plaza, tal como ya hemos encontrado en la
forma de las maras cuadrangulares, o piedras de amolar "femeninas"
(que toman su nombre de la palabra aymará que significa "año"),
marcan en sus esquinas los puntos cardinales que representan los lugares de
salida y puesta de los soles solsticiales, es decir, los parámetros de la
"tierra celeste" según vienen determinados por el plano eclíptico.
Si conectamos las esquinas, se forma las diagonales, y la X marca el lugar, el
centro, el ombligo de la diosa tierra. Este simbolismo ya se ha observado en el
unanacha de Viracocha en el diagrama de Pachacuti Yamqui, situado como está por
encima de la cruz intercardinal, designada como femenina, que encontramos por
debajo; y, también, precisamente este mismo simbolismo se encuentra entre los
quiché, donde el Dios-Siete, representado jeroglíficamente como Osa Mayor y
Orión, aparece trazado sobre el ombligo de la Diosa tierra.
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Entrada al Templo Kalasasaya |
Es un templo construido con grandes piedras de cinco metros de altura. Este centro ceremonial mide 126 metros de largo por 117 de ancho. En su interior existe un gran patio rectangular hundido (templo subterráneo) al que se desciende por una escalinata labrada en una sola roca de seis peldaños.Ingresando por la puerta principal del templo, se encuentra la “Estela” o el "Monolito Ponce", que representa a un sacerdote. Todos los templos de la urbe se orientan astronómicamente. Así en Kalasasaya (kala = piedra; saya o sayasta = parado) o Templo de las Piedras Paradas, se verificaban con exactitud los cambios de estaciones y el año solar de 365 días. En ambos equinoccios (otoño: 21 de marzo y primavera: 21 de septiembre) el Sol nacía por el centro de la puerta principal de ingreso, a la que se accede por una magnífica escalinata. En el solsticio de invierno (21 de junio) el Sol nacía en el ángulo murario N.E. el solsticio de verano (21 de diciembre) se marcaba por el nacimiento del Sol en el ángulo murario S.E. Este muro es conocido como "pared balconera" o "chunchukala".
El "Templo de las Piedras Paradas cubre aproximadamente 2 hectáreas y su estructura está basada en columnas de arenisca y sillares cortados, dispuestos entre estos, sobresalen gárgolas o goteros de desagüe para las aguas pluviales.
En el interior pueden verse los restos de lo que habrían
sido pequeñas habitaciones semi-subterráneas dispuestas de manera que 7
estaban a cada lado del patio. En el recinto existe un muro a base de sillares
de arenisca que logra cerrar los sectores este, norte y sur, dejando a ambos
costados una especie de atrio, que separa el recinto central o
"ceremonial". En este segundo muro hacia el lado norte se observan dos
bloques en los que, en su tercio superior, se practicó un orificio que imita, a
escala, un aparato auditivo humano, y mediante el cual se pueden escuchar ruidos
o conversaciones que se producen en sitios alejados. Estos "amplificadores
de sonidos" nos permiten deducir que en el mundo precolombino se conocía y
aplicaba la acústica.
En Kalasasaya existen tres importantes esculturas: la Estela 8 (Ponce), el monolito El Fraile y la Puerta del Sol. En el monolito Ponce se aprecian finos grabados iconográficos como hombres alados, peces, cabezas de puma o de camélidos, cóndores, águilas, símbolos escalonados; en el más puro arte tiwanakota. La estela "El Fraile" no está adornada, es una pieza labrada en arenisca veteada, mostrando un enigmático personaje que lleva un báculo y un keru en las manos; porta una faja ventral donde se aprecian algunas huellas en relieve de cangrejos.